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El deslumbrador de cocodrilos

My way

My way

Si es que no hay nada como hacer el camino: My way. Pero lo que comienza a ser más dañino, a la par que trabajoso es allanar, marcar, delimitar,... El sueño del que con ilusión innova puede ser truncado por el que le sigue. La cantidad de bosques que se separan, riachuelos que se canalizan, flores y animales que se esconden.

Pero en cambio, el que iba el primero, ¡qué tranquilo andaba, cómo silbaba, que feliz se sentía!. No tenía ni idea de lo que suponía esa pequeña rama que partía o esa hierba que pisaba. ¡Y cómo le gustaba lo que veía, qué maravilla, hablaba hasta con los peces!. No había prisa.

Pero no se dio cuenta de quién le seguía. No lo vio. Sólo cuando se sentó a mirar desde arriba, el camino recorrido se dio cuenta que le seguían. Pero sólo seguían sus huellas. Sin disfrutar, sin mirar a los lados. De cerca había pocos y venían ya ligeros, pero atrás, a lo lejos, a lo lejos venían a cientos. Estos ya ni se preguntaban por qué seguían ese camino, simplemente se había corrido la voz. No querían más que recorrer a toda velocidad la senda marcada, sin importarle el camino.

Pronto el camino se marcó, se allanó y se delimitó. Era el único camino. Ya nadie podía ver, oir, olfatear, tocar y saborear.

Pero así funciona el mundo, a alguno se le ocurre, otro lo copia, muchos lo gestionan, la mayoría lo echa a perder hasta que alguien comience a caminar y encuentre un camino mejor.

El intervensionismo radical, el tomar a la persona como carente de inteligencia, significa destruir lo bello de la vida. My way

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