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El deslumbrador de cocodrilos

El ser vocacional

El ser vocacional

Corría el año 2003 cuando me atreví a mirar a mi vocación a la cara y tomé la decisión de entregar a la sociedad la mitad de mi tiempo libre, que por aquel entonces era mucho. En aquellos días acababa de terminar un proyecto que mezclaba informática, diseño de mobiliario, autómatas programables, organización industrial y técnica comercial. Este tipo de proyectos absorben mucho de uno mismo y me había quedado vacío por dentro.

Tras mucha reflexión comencé a darme cuenta que además de ser un disfrute personal el participar de la evolución industrial, desde el estudio, la investigación original y la constancia, no estaba haciendo nada por la mejora social, por hacer un mundo más justo, más sincero.

Así dude en dar mi tiempo a una ONG o dedicarlo a la política. Algún día contaré cuales fueron los cuatro grandes temas que desequilibraron la balanza hacia la política, porque por esta última me decidí, iba más con mi carácter, un poco rebelde.

Tras la decisión comenzó la búsqueda en mi interior y leyendo estatutos de diferentes formaciones, hasta que me decidí y pedí mi afiliación. Se me concedió.

Durante unos años he podido trabajar por alguno de los cuatro temas y descubriendo con satisfacción que alguno se cumplía y soportando con paciencia, pero firme, que en alguno fallaba. Porque la política es una labor social, así entiendo yo este trabajo. Es mi vocación y es una dedicación que requiere mucha responsabilidad y mucha vocación de servicio; lo primero por los temas que se abordan y los segundo porque los personal hay que dejarlo a un lado.

Desde que tomé la decisión me he sentido muy feliz. Intento llevar a cabo proyectos propios, porque los entiendo bonitos y buenos; y ajenos porque me instruyen, me llaman, me llegan, los acepto como propios y me involucro; pero siempre con la ayuda de otros como yo.

Para terminar de aburriros os contaré algo que ocurrió y me reafirmó en mi decisión: Fernando Lugo era obispo en Paraguay (aunque ahora está un poco quemado por el poder). Se dio cuenta de que podría ser elegido presidente de la nación y pidió al Papa que lo liberara de sus votos. El Santo Padre así lo hizo añadiendo la idea de que la mejor manera de hacer un Mundo mejor era desde la política.

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